• Martes, 22 de septiembre de 2026

BIODIVERSIDAD / ESPECIES INVASORAS

En uno de los ambientes más hostiles e intactos del planeta, la mayor amenaza biológica no mide metros ni pesa toneladas: cabe en la yema de un dedo. Científicos que inspeccionaron cavidades geotérmicas y refugios rocosos descubrieron la proliferación acelerada de la Trichocera maculipennis, una especie de mosca de invierno originaria del hemisferio boreal que ha logrado colonizar espacios subterráneos protegidos de las heladas extremas.

Lejos del gélido exterior batido por vientos glaciares, las cuevas volcánicas de origen geotérmico ofrecen una humedad templada y constante. Ese microclima favorable ha permitido que las larvas de este insecto no solo sobrevivan al invierno polar, sino que completen sus ciclos reproductivos de manera continua a lo largo de todo el año.

La preocupación de los ecólogos radica en su voracidad y volumen poblacional. Al alimentarse activamente de restos orgánicos, musgos primigenios y guano acumulado, estas colonias invasoras modifican radicalmente la fertilidad y composición bioquímica del suelo, compitiendo de forma desleal contra los escasos microorganismos e invertebrados endémicos que evolucionaron aislados durante miles de años.

Investigadores del ámbito biológico recalcan que la dispersión de la plaga fue facilitada involuntariamente por el tráfico logístico y turístico a través del traslado de calzado, víveres o materiales de acampe no sometidos a cuarentenas rigurosas.

Frenar la invasión exige reforzar con urgencia los protocolos de bioseguridad en puntos de desembarco y restringir el ingreso a cavidades naturales sensibles, antes de que el avance silencioso de esta especie altere irreversiblemente los santuarios biológicos más protegidos de la Tierra.

Fuente: El Diario del Fin del Mundo

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