• Domingo, 6 de septiembre de 2026

Desde sus orígenes, el ser humano ha ido avanzando en pos de derribar barreras y ampliar sus posibilidades de sobrevivencia. En el siglo XXI, los cultivos hidropónicos (es decir, con un sustrato hídrico, acuático, no tierra), están transitando un camino que no deja de sorprender.

Un grupo de investigadores del INTA Santa Cruz y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA), específicamente el equipo de la Unidad Académica Río Gallegos (UARG), diseñaron el Módulo Antártico de Producción Hidropónico (MAPHi) que luego instalaron en la Base Marambio de la Antártida Argentina. Eso fue en 2019 y permitió la producción de vegetales de hoja verde todo el año con un sistema que combina hidroponía y luces que reemplazan la luz solar para establecer la fotosíntesis.

Los MAPHi, básicamente, son contenedores con agricultura vertical, luces y sensores, plantas creciendo en un sustrato hídrico y con una atmósfera controlada. En Santa Cruz Produce (SCP), entrevistamos durante una de sus visitas a la base Marambio a uno de los “padres de la criatura”, el ingeniero Jorge Birgi, director del proyecto e integrante del grupo Forestal, Agricultura y Manejo del Agua del INTA Santa Cruz.

Ingeniero Jorge Birgi y la primer cosecha de verduras en Base Marambio
Ingeniero Jorge Birgi y la primera cosecha de verduras en el módulo hidropónico instalado en Base Marambio.

Los últimos años fueron por más. En 2023 instalaron el MAPHi II en la Base Esperanza, un modelo de mayores dimensiones que el montado originalmente en Marambio para abastecer a la comunidad residente durante todo el año polar.

«Esperanza es muy importante porque ahí pasan el invierno las familias que van a la Antártida. También tiene otra dinámica porque hay un colegio y una radio, lo que hace que sea más diversa la población a la que llegamos y permite generar un impacto directo con la producción de vegetales frescos», destacó el ingeniero Jorge Birgi, director de la iniciativa e investigador del INTA Santa Cruz.

Esperanza queda cerca de Marambio y ambas se conectan vía helicópteros. “A Esperanza no llega el avión Hércules con alimentos, se abastecen con el rompehielos Almirante Irízar que sólo puede llegar en época estival y con helicóptero, por eso la idea de instalar un módulo que permita producir alimentos frescos para este grupo de personas resultó fundamental”, destacó el ingeniero.

El módulo en la Base Belgrano II

Un tercer módulo (MAPHi III) fue instalado en la Base Belgrano II, la más cercana al polo sur de las que tiene Argentina en el continente blanco y la más aislada de todas. “En Marambio nos atrajo la facilidad logística y la cantidad de gente; en Esperanza era importante llegar a las familias que invernan allí; y en Belgrano II el desafío técnico de poner un módulo en la base más austral. Esto le brinda un beneficio trascendental a las personas que están un año completo allí sin posibilidad de recibir alimentos frescos de otra forma”, remarcó Birgi.

Todos los módulos MAPHi cuentan con personal a cargo capacitado para la operación del sistema, desde la formulación de soluciones nutritivas hasta la medición de variables como el pH, la conductividad eléctrica y el manejo de temperatura interna. Además, disponen de sensores ultrasónicos de nivel y temperatura, así como alarmas de seguridad automatizadas ante derrames o presencia de humo.

Desde Santa Cruz se monitorean las condiciones de los módulos en tiempo real. Junto a los impulsores del proyecto trabaja activamente el Comando Conjunto Antártico, encargado de la logística y operatividad, y la Dirección Nacional del Antártico (DNA), garantizando la continuidad de una iniciativa pionera en soberanía y ciencia polar.

Fuente: Agenda Salta

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