La firma del Tratado Antártico en 1959 consagró a todo el territorio y las aguas al sur del paralelo 60 para fines exclusivamente pacíficos y científicos, congelando las disputas de soberanía. Sin embargo, la trayectoria argentina en las latitudes australes tiene raíces mucho más profundas, constituyendo la política de Estado más extensa y sostenida en la historia del país.
«Es en la Antártida donde la Argentina demuestra que puede llevar adelante el establecimiento de una política de Estado sostenible en el tiempo, logrando ser la nación con la presencia ininterrumpida más antigua en el inmenso continente blanco», destacó el historiador Eduardo Lazzari al repasar la epopeya de los pioneros australes.
Los albores de la exploración polar (1900-1903)
En el año 1900, la República Argentina integró formalmente la Comisión Organizadora de la Expedición Antártica Internacional junto a Gran Bretaña, Suecia y Alemania. Aquella iniciativa multinacional impulsó las célebres travesías de Robert Falcon Scott hacia el Polo Sur, Erich von Drygalski a las tierras de Guillermo II y la expedición del explorador sueco Otto Nordenskjöld a bordo del buque Antarctic, capitaneado por el noruego Carl Anton Larsen, llevando entre su dotación al joven guardiamarina argentino José María Sobral.
Cuando el Antarctic naufragó trágicamente aprisionado por los hielos en la bahía Erebus y Terror el 12 de febrero de 1903, los científicos quedaron aislados en refugios de piedra y madera en la isla Snow Hill. Vencido el plazo límite fijado para su regreso, la inquietud popular movilizó a las autoridades nacionales. Con el decidido impulso del perito Francisco Pascasio Moreno, la Armada Argentina asumió la audaz misión de rescate.

La gesta de la Corbeta “Uruguay” y Julián Irízar
Para la expedición de auxilio se acondicionó la corbeta de vapor y velas ARA Uruguay, construida en Inglaterra en 1874. Bajo el mando del teniente de navío Julián Irízar y con una tripulación de una treintena de marinos —incluyendo al oficial naval chileno Alberto Chamaler, en un elocuente gesto de hermandad austral—, el navío zarpó del puerto de Buenos Aires el 8 de octubre de 1903 despedido por una multitud encabezada por el presidente Julio Argentino Roca.
Tras sortear tormentas implacables en el Pasaje de Drake y abrirse paso entre gigantescos campos de hielo a la deriva, el 8 de noviembre la dotación de la Uruguay halló y rescató sanos y salvos a todos los integrantes de la expedición sueca y al guardiamarina Sobral. El buque regresó a Buenos Aires desarbolado por los temporales pero triunfante, en una jornada cívica multitudinaria que mereció el reconocimiento internacional y la gratitud formal del rey Óscar II de Suecia.

Orcadas y el legado de soberanía permanente
Apenas un año después, el 22 de febrero de 1904, la Argentina inauguraba el observatorio meteorológico y magnético en las Islas Orcadas del Sur, iniciando una vigilia científica continua que cumple ya más de 120 años sin interrupción.
Aquella saga fundacional iniciada por figuras como Sobral, Irízar y luego el general Hernán Pujato —fundador del Instituto Antártico Argentino y de la Base San Martín— sentó las bases de la Antártida Argentina actual: un territorio donde la investigación científica de excelencia, la protección del ecosistema y la vocación pacífica ratifican día a día la soberanía nacional.
Fuente: Todo Noticias