El hielo marino de la Antártida probablemente alcanzó el pasado 1 de marzo su extensión mínima anual con 1,98 millones de kilómetros cuadrados, lo que supone la segunda cifra más baja del registro histórico satelital iniciado en 1979, empatando con los niveles registrados en 2022 y 2024.
Así se desprende de los datos preliminares publicados por el Centro Nacional de Datos de Hielo y Nieve (NSIDC, por sus siglas en inglés), perteneciente al Instituto Cooperativo para la Investigación en Ciencias Ambientales (CIRES) de la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos).
De acuerdo con el informe del NSIDC, se mantiene como récord absoluto el mínimo histórico de 1,79 millones de kilómetros cuadrados medido el 21 de febrero de 2023. No obstante, los últimos cuatro veranos australes han marcado las extensiones mínimas más reducidas jamás documentadas, situándose todas por debajo de la barrera de los 2,0 millones de kilómetros cuadrados.
La extensión mínima de esta temporada se concretó con cinco días de retraso respecto a la fecha media climatológica del 24 de febrero (período base 1981-2010), figurando entre las fechas más tardías en las que se ha producido el piso estival de hielo polar.
La mayor concentración de hielo compacto remanente se localiza en el mar de Weddell, mientras que en los mares de Amundsen y Ross el hielo persiste únicamente en bajas concentraciones. Asimismo, sobreviven sectores aislados a lo largo de las costas de la Tierra de Enderby y la Tierra de Wilkes.
«Sintiendo el calor» en el océano austral
Ted Scambos, investigador científico principal del CIRES, advirtió que «la Antártida parece estar finalmente sintiendo el calor», explicando que tras una breve desaceleración a finales de la primavera, el deshielo aceleró su marcha de forma pronunciada durante los meses de enero y febrero.
«Las condiciones cálidas en la atmósfera y una capa de hielo cada vez más delgada condujeron a un rápido declive veraniego. El agua oceánica superficial que rodea a la Antártida se encuentra templada, lo que se traduce en menor formación de hielo marino y alteraciones significativas en los patrones de precipitación del continente», alertó el doctor Ted Scambos (CIRES / NSIDC).
Scambos remarcó además que, aunque el casquete interior permanece muy frío, la mayor proximidad de masas de aire cálido a la línea costera intensifica la pérdida neta de masa en los glaciares terminales que desembocan en el mar.
Si bien la banquisa antártica se ha caracterizado históricamente por una notable variabilidad interanual entre máximos y mínimos, la reiteración de pisos mínimos consecutivos sugiere una perturbación sistemática impulsada por el calentamiento de las aguas del océano austral.
Los análisis de largo plazo del registro satelital completo reflejan una tendencia descendente de aproximadamente 6.500 kilómetros cuadrados por año en la extensión mínima anual del hielo antártico, lo que representa una contracción del 2,3% por década respecto al promedio climatológico histórico.
Fuente: Servimedia