La Antártida se rige por el llamado Tratado Antártico, un instrumento internacional de vigencia indefinida que consagra al continente blanco exclusivamente para fines pacíficos y científicos.
El acuerdo internacional fue firmado el 1 de diciembre de 1959 en Washington por los doce países que habían participado en investigaciones científicas durante el Año Geofísico Internacional (1957-1958), entrando en vigor en junio de 1961.
Paz, ciencia y no militarización
El tratado establece que la Antártida sólo se utilizará para fines pacíficos, prohibiendo expresamente el establecimiento de bases militares, maniobras bélicas o el ensayo de cualquier tipo de armas, así como las explosiones nucleares y el almacenamiento de desechos radiactivos.
«El Tratado Antártico congela todas las reclamaciones territoriales históricas y garantiza la total libertad de investigación científica y cooperación internacional».
Asimismo, el Protocolo de Madrid de 1991 al Tratado Antártico prohíbe de forma estricta cualquier actividad relacionada con los recursos minerales que no sea con fines de investigación científica, blindando al continente frente a la explotación de petróleo, gas o minería.
Fuente: Newtral