El inicio de la temporada estival de navegación hacia las costas australes ha encendido las alarmas de la comunidad científica debido a que el volumen anual de viajeros superó por primera vez la marca de los ciento veinte mil pasajeros a bordo de cruceros y buques de expedición.
Expertos del sector debaten la necesidad de que los países del Tratado formalicen mecanismos legales vinculantes con cuotas de acceso, evitando que la protección de los ecosistemas polares quede supeditada exclusivamente a la autorregulación voluntaria de las compañías comerciales de viaje.
Según datos de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida, en 2024, más de 80.000 turistas pisaron el vasto continente cubierto de hielo y 36.000 lo observaron desde la seguridad de los barcos.
La Unión Internacional de Científicos Preocupados estima que el turismo a la Antártida se ha multiplicado por diez en los últimos 30 años, señala el medio Infobae.
La preservación del aislamiento y la pureza biológica de las bahías costeras se ha tornado en un eje central del manejo ambiental marítimo.
Frente a un crecimiento interanual sin precedentes impulsado por embarcaciones de mayor porte, las organizaciones que regulan la actividad turística privada y las autoridades ambientales han implementado protocolos de bioseguridad reforzados para mitigar la huella ecológica humana.
«El incremento exponencial en el número de desembarcos exige fiscalizar de forma rigurosa la desinfección del calzado y la ropa técnica de los visitantes para prevenir el ingreso inadvertido de semillas y patógenos en ecosistemas vírgenes», explicó la especialista Claire Christian, experta en gobernanza y conservación marina.
Las nuevas pautas operativas restringen severamente la cantidad de personas autorizadas a bajar a tierra de manera simultánea en zonas donde habitan colonias de pingüinos y pinnípedos, estableciendo franjas horarias estrictas y distancias mínimas obligatorias de aproximación.
Asimismo, se intensificaron los controles sobre las emisiones de hollín y carbono negro de los motores navales, cuyo depósito sobre el hielo blanco reduce su albedo y acelera los procesos de deshielo local.
Fuente: Infobae