Durante una campaña oceanográfica a bordo del rompehielos de investigación alemán Polarstern en las inmediaciones de la bahía de Pine Island, una tripulación multidisciplinaria de geólogos y cartógrafos navales avistó y documentó una formación insular rocosa que no figuraba en ninguna carta náutica oficial. El descubrimiento se realizó en abril de este año.
La masa de granito y basalto emergió a la superficie tras el rápido retroceso de la plataforma flotante que la mantuvo cubierta y oculta a la vista durante siglos, abriendo un nuevo capítulo en la cartografía de los confines marítimos australes.
«Apareció en un sector catalogado en las cartas de navegación como hielo continuo; fue una sorpresa desembarcar sobre un afloramiento de granito macizo que ahora queda plenamente expuesto a las corrientes marinas», explicó la especialista Karsten Gohl, geofísica del Instituto Alfred Wegener de Investigaciones Polares y Marinas (AWI) y jefa de la expedición científica.
Los estudios preliminares sobre el terreno determinaron que la nueva isla está compuesta por rocas ígneas pulidas por la fricción glacial y mide aproximadamente trescientos cincuenta metros de largo.
La disminución sostenida del espesor de las masas de hielo costeras produce un fenómeno de rebote isostático que empuja la corteza rocosa hacia arriba a medida que se libera del inmenso peso del hielo, elevando estos promontorios sobre la superficie del agua del mar.
El hallazgo no solo aporta información sobre la geodinámica del zócalo continental, sino que abre interesantes debates en el marco del Tratado Antártico y los organismos internacionales de hidrografía naval para oficializar su toponimia y delimitar con precisión las nuevas cartas de navegación de la zona.
Los científicos recolectaron muestras de roca para determinar la edad geológica del promontorio y rastrear la historia de su enfriamiento.
Fuente: Perfil