Una reciente investigación científica desarrollada de manera conjunta por la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA/CONICET-UBA) y el Instituto Antártico Argentino (IAA) demostró que las partículas de microplásticos emitidas por centros urbanos situados al sur de Comodoro Rivadavia son transportadas por la circulación atmosférica y alcanzan la península polar en un lapso de entre 24 y 48 horas.
El estudio se centró en el análisis de fragmentos sintéticos menores a 5 milímetros. Para ello, se establecieron puntos geográficos de muestreo ambiental en las afueras de la ciudad de Ushuaia, en la Isla Redonda sobre el Canal Beagle y en la Base Carlini, ubicada en las Islas Shetland del Sur.
Según detalló el coordinador del proyecto e investigador del CIMA/UBA-CONICET, Gabriel Silvestri, esta fue la primera vez que se realizaron muestreos de microplásticos en el aire en dichos lugares, logrando demostrar por primera vez la presencia de estas partículas en la atmósfera de la región.
«Encontrarlas en el muestreo de Ushuaia era esperable por el tamaño de la ciudad. En Isla Redonda también podía ser esperable por la proximidad a Ushuaia, pero encontrarlas en Carlini fue una novedad que demuestra cómo una comunidad muy pequeña puede también introducir estas partículas en ambientes polares», concluyó el especialista.
El fenómeno de transporte responde a patrones meteorológicos específicos. Si bien el viento es predominantemente del oeste —lo que provoca que la mayor parte de los microplásticos de la Patagonia se disperse hacia el Océano Atlántico—, la región se encuentra bajo la influencia del pasaje continuo de sistemas de baja presión que alteran la circulación atmosférica.
«El viento es predominante del oeste. Por eso, la mayor parte de los microplásticos emitidos en la Patagonia se dispersan hacia el Océano Atlántico. Sin embargo, la región está bajo la influencia del pasaje continuo de sistemas de baja presión que modifican la circulación atmosférica. De esta manera, hay días en que el viento se dirige hacia el sur y los microplásticos emitidos pueden llegar hasta la Península», explicó Silvestri.
El investigador remarcó además que «de ellos, una porción puede llegar hasta el área de la Península en un tiempo de entre 24 y 48 horas luego de ser emitidos».
Esta problemática regional se inserta en un escenario de crisis ambiental a nivel mundial, caracterizado por una producción global que supera las 400.000 toneladas anuales de plásticos, de las cuales menos del 10% se recicla.
Como consecuencia de este volumen, se estima que 11 millones de toneladas de plásticos terminan anualmente en lagos, ríos y océanos, una cifra que equivale en peso a unas 2.200 torres Eiffel.
El impacto de esta contaminación trasciende a los ecosistemas y afecta de forma directa al ser humano. Las estimaciones científicas calculan que cada habitante del planeta consume e inhala más de 50.000 micropartículas plásticas de manera anual.
La dispersión de estos materiales ya ha alcanzado hasta los rincones más remotos del planeta, como la península antártica.
Fuente: Agencia de Noticias Científicas UNQ