Un principio medular de la ecología microbiológica que dominó las aulas durante casi un siglo acaba de ser desmentido en el terreno más inhóspito del planeta.
Científicos del Instituto Cooperativo de Investigación en Ciencias Ambientales (CIRES) de la Universidad de Colorado demostraron, en un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que el axioma tradicional que sostenía que «todo está en todas partes, pero el ambiente selecciona» no se aplica a los suelos antárticos.
El equipo internacional llevó adelante la secuenciación genómica completa de más de 100 cepas pertenecientes al género Arthrobacter, una bacteria sumamente común y de distribución cosmopolita en suelos de todo el globo, desde praderas templadas hasta desiertos cálidos.
La hipótesis inicial evaluaba si organismos microscópicos con probada capacidad de dispersión atmosférica y eólica compartían variantes a escala planetaria.
Los resultados quebraron toda expectativa previa al cotejar los genomas con cerca de 500 cepas procedentes de ecosistemas fríos y ultraáridos análogos, tales como el archipiélago ártico de Svalbard, la meseta tibetana y el desierto de Atacama.
Alrededor del 90% de las cepas identificadas en los suelos antárticos no coincidieron con ninguna muestra existente en el resto del mundo ni figuraban en las bases genómicas globales.
Además de la divergencia en el ADN, los ensayos de laboratorio bajo estrés térmico y desecación revelaron adaptaciones fisiológicas únicas.
Las bacterias antárticas demostraron un ritmo de reproducción intencionalmente lento que minimiza el consumo celular y les permite resistir meses sin agua líquida, funcionando como un sistema de ahorro metabólico extremo.
El hallazgo cobra una dimensión urgente de bioseguridad frente al incremento de expediciones logísticas y cruceros turísticos.
Al albergar linajes evolutivos irreemplazables que evolucionaron aislados durante millones de años, la transferencia accidental de microorganismos externos adheridos a calzado o indumentaria sin esterilizar representa una amenaza directa para este frágil reservorio biológico protegido por el Tratado Antártico.
Fuente: Gizmodo en Español