• Domingo, 6 de septiembre de 2026

La gripe aviar sigue expandiéndose por los ecosistemas más remotos del planeta. Un exhaustivo estudio publicado en la prestigiosa revista científica Nature Communications informa de la detección del virus de influenza aviar altamente patógena H5N1 en varias especies de aves y mamíferos de las regiones antártica y subantártica de las Islas Malvinas y Georgia del Sur.

Los investigadores, procedentes de destacadas instituciones del Reino Unido, llevaron a cabo un amplio programa de muestreo y vigilancia epidemiológica de la fauna autóctona en las citadas regiones australes durante las campañas estivales de 2022 y 2023.

Págalo pardo o skua antártico en su hábitat natural
Ejemplar de págalo pardo (skua antártico), una de las especies de aves marinas donde se constató la presencia del virus H5N1 en la región antártica.

Su análisis genético y de laboratorio reveló la presencia confirmada del virus H5N1 en múltiples especies de aves, como el págalo pardo (skua), el albatros de ceja negra, el cormorán de Georgia del Sur y el charrán antártico; así como en mamíferos marinos de gran porte, incluidos el elefante marino del sur y los lobos marinos antárticos.

Los científicos realizaron una secuenciación genómica de las muestras infectadas para reconstruir las rutas de transmisión hacia estos archipiélagos remotos, y sus conclusiones determinaron que el patógeno ingresó a través de aves migratorias provenientes de Sudamérica continental.

Por fortuna, las dos colonias más emblemáticas de pingüinos de estas zonas, el pingüino rey y el pingüino roquero austral, no presentaban evidencias de contagio en las fechas de los muestreos analizados en la investigación.

A juicio de los autores, los hallazgos demuestran la rápida expansión del área geográfica de esta afección y colocan en primer plano el impacto ecológico y la amenaza latente que representa para la fauna silvestre en estos santuarios aislados.

«La Antártida, conocida por sus ecosistemas únicos, ha permanecido históricamente aislada de muchas enfermedades infecciosas que azotan a la fauna salvaje en otras regiones del mundo, pero los datos recientes confirman que el virus H5N1 ha quebrado este aislamiento natural, amenazando la biodiversidad de la región», concluyeron los investigadores en Nature Communications.

Fin del aislamiento continental

La primera evidencia fidedigna de la incursión del virus en el propio continente antártico se constató cuando científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Antonio Alcamí y Ángela Vázquez, identificaron el patógeno en muestras de skuas en cercanías de la Base Antártica Primavera.

Posteriormente se desplegó una expedición internacional a bordo del velero oceanográfico Australis (HPAI Australis Expedition), con la participación activa de los investigadores del CSIC Begoña Aguado y Antonio Alcamí, con el propósito de rastrear y mapear la presencia viral en la Península Antártica y en el sector norte del mar de Weddell.

Las muestras recolectadas permitieron confirmar la presencia del virus en los restos de un elefante marino en la península Coppermine de la Isla Robert, evidenciando la dispersión del patógeno a lo largo del arco marítimo.

Semanas después, tras profundizar el reanálisis de muestras de fauna de la Expedición Australis, los investigadores españoles informaron sobre 14 casos adicionales en diversas especies, ratificando que la circulación del virus en el ambiente antártico superó las previsiones iniciales y requiere un estricto monitoreo continuado entre todas las bases científicas.

Fuente: Montevideo Portal

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