• Domingo, 6 de septiembre de 2026

Un equipo de glaciólogos del Programa Antártico Australiano descubrió un sistema de cuerpos de agua subterráneos de gran escala bajo el glaciar Totten, la mayor masa de hielo del sector oriental del continente blanco. El hallazgo arroja información clave sobre los patrones de aceleración glaciar y el futuro del nivel del mar a escala planetaria.

Tecnología sísmica para cartografiar las profundidades del hielo

Para desentrañar lo que se oculta bajo el colosal manto blanco, los científicos aplicaron un método de prospección acústica de alta precisión: mediante detonaciones controladas en puntos estratégicos y una red de geófonos desplegados sobre la superficie, registraron el reflejo de las ondas sonoras al atravesar los diferentes estratos de la masa helada. Este mapeo sísmico permitió comprobar de forma concluyente la presencia de extensos lagos subglaciares atrapados bajo cientos de metros de hielo.

«Los explosivos funcionaron como nuestra fuente acústica; al propagarse la onda hacia las profundidades, cada capa devuelve una señal característica. Los micrófonos colocados a lo largo de la superficie del glaciar captaron esa reverberación, permitiéndonos construir una imagen tridimensional precisa de lo que yace bajo el hielo», detalló el glaciólogo Dr. Ben Galton-Fenzi, referente de la División Antártica Australiana.

El glaciar Totten: un gigante clave para el equilibrio oceánico

Con unos 30 kilómetros de ancho y espesores que alcanzan los dos kilómetros, el glaciar Totten constituye una de las formaciones glaciarias más críticas del planeta. Los modelos de balance de masa calculan que el volumen total de agua congelada contenido en esta cuenca tiene la capacidad potencial de elevar el nivel global de los océanos en aproximadamente siete metros en caso de un deshielo generalizado.

La velocidad de drenaje de los glaciares antárticos hacia el mar depende sustancialmente del tipo de lecho sobre el que se apoyan. Mientras que un sustrato de roca pura genera fricción y ralentiza el movimiento del hielo, las bolsas de agua líquida y los sedimentos húmedos actúan como una capa lubricante de bajísima fricción, multiplicando el ritmo con el que el hielo fluye y se vierte en las aguas circumpolares.

El desafío de la toma de muestras y el financiamiento científico

Tras la confirmación de la existencia de estos lagos, los investigadores proyectan una fase subsiguiente de alta complejidad técnica: la realización de perforaciones profundas en el hielo para extraer muestras líquidas directas y analizar posibles sedimentos o ecosistemas microbianos aislados durante milenios.

No obstante, la continuidad de estas misiones de campo enfrenta incertidumbres presupuestarias. «Este es uno de los mayores desafíos científicos que debemos responder con urgencia en las próximas dos décadas. El cambio climático representa un riesgo concreto para las generaciones futuras y requiere datos precisos sobre cómo reaccionará la criosfera», subrayó Galton-Fenzi.

La expedición formó parte de la campaña de verano del Programa Antártico Australiano desplegada desde la Base Casey, que congregó a más de 550 especialistas dedicados al monitoreo oceanográfico, geológico y atmosférico en el territorio antártico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *