La temperatura más baja registrada en la Tierra fue precisamente en la Antártida. Corresponde al 21 de julio de 1983, y la temperatura alcanzó los -89ºC (el equivalente a -128ºF). Tal y como ocurre en la base española Juan Carlos I, el tiempo es lo más importante a la hora de subsistir correctamente. “El problema de la medicina polar es precisamente ese, que puedes tener una evacuación en horas, días o semanas. Todo depende de las condiciones metereológicas. En el mejor de los casos, podría producirse la evacuación en 15 horas”, indica Iris Mar Fernández, médica y experimentando su expedición antártica. En este sentido, Javier Martín, predictor del grupo antártico de la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología), confirma la dificultad que puede acarrear tener visibilidad reducida como consecuencia de la niebla y la nieve durante la navegación: “Viene mal tiempo y el paso de Drake se plantea complicado para llegar a las Islas Shetland. Confluye todo el viento, se acelera y es difícil realizar el viaje”.
En cuanto a las campañas, lo normal es realizarlas durante el verano antártico. Esto no significa que haga temperaturas calurosas, sino que el frío es algo más suave y las aguas se mantienen sin helar. De esta forma, permanecer asentados durante los meses que dura la estación menos fría del año permite a los investigadores vivir con algo más de comodidad y menor impedimento a la hora de necesitar una evacuación temprana. El problema radica, precisamente, en la cantidad de horas de luz que pueden llegar a tener durante el día.
“Como hay temporadas que tienen 24 horas de luminosidad, es necesario dormir con antifaz y las cortinas completamente echadas. A pesar de las dificultades, mi sueño es permanecer un invierno entero aquí, sin apenas ningún rato de luz solar. El problema principal que tenemos es: si te ocurre algo, ¿cómo lo hacemos? Las aguas se congelan y la logística se complica muchísimo para poder subsistir”, indica Jordi Vilaseca, mecánico en la base española Juan Carlos I.
A pesar de las condiciones extremas, la Antártida alberga una sorprendente diversidad de biológica. En ella podemos incluir pingüinos, focas y diversas especies de aves marinas. Las aguas circundantes son ricas en krill, un componente clave de la cadena alimentaria marina. Durante el cuarto episodio de Destino Antártida, Lethal Crysis consigue acceder a la mayor pingüinera de la isla, con decenas de miles de parejas de pingüinos barbijo. Un escenario único, pero también bajo estrictas medidas de seguridad debido a la amenaza de una virulenta cepa de gripe aviar.
Fuente: RTVE.es